jueves, 7 de marzo de 2013

Por quién merece "un poco" de amor.

Es bastante difícil, recordar cuando fue la primera vez que escuché música que realmente me emocionara. Y emocionar me refiero a ese grato momento de atención que puede uno prestarle a un conjunto de ondas sinusoidales (estudio telecomunicaciones jejejej) que en su conjunto generan esa armonía que nos puede entregar momentos gratos o rabia dependiendo del tipo de vecino que tengamos. No es secreto para quienes me conocen desde hace algún tiempo, que mi persona tiene un apego especial hacia el arte de la música, y de manera mas profunda aún, a ese actualmente "esquivo" instrumento llamado guitarra. Como siempre he comentado, cuando niño, no fui una persona muy popular que digamos, de estatura menor (estoy seguro que alguien me robó a lo menos 10 centímetros, pero con lo pavo que era, nunca me percaté de ello hasta que producto del dolor de cuello que lleva tener amigos de mas de 1,85 mt., me llevo a cuestionarme este tema), guatón, feo, poco "vivo", tímido  inseguro, y mas encima malo para el fútbol (ser malo para la pelota en esos tiempos, era como no saber usar las redes sociales hoy, osea, todo mal.), de hecho en este tema en particular del "nunca bien ponderado" jueguito del balón ese, nunca he logrado descifrar si mi falta de "calidad técnica" en este deporte, era producto del exceso de análisis por tratar de encontrarle sentido el correr detrás de una esfera en 3D y finalmente no encontrarle, o que definitivamente solo era demasiado idiota para entenderlo, en fin y como sea, mi persona y el fútbol no tienen una buena relación física-lógica. La verdad preferiría no entrar en detalles en este punto, sin embargo no dejo de esbozar una sonrisa casi cómplice entre mis recuerdos y mi actual buen humor, cuando mi imaginación me lleva como si fuera ayer, que para encajar con los demás  compañeros de curso me ponía a la fila donde se seleccionaban a los  potenciales jugadores de la pichanga del recreo, por parte de los dos jugadores mas experimentados de mi curso, y donde esa mirada casi inquisidora a cada un,o de nosotros, (que cual discípulos de los dioses ofrecíamos nuestras capacidades técnicas a los  enviados por los dioses del fútbol en calidad de ofrenda) nos ponía nerviosos esperando no quedar último en la selección, porque si lo miramos fríamente si eres el último, es porque nadie te eligió. Y bueno, no pretendo pintar con colores irreales mi vida, y si, así como Ud. querido lector o lectora lo está pensando en este momento, efectivamente!!, yo era ese último jugador elegido y que por extraño que le pueda parecer a algunos, nunca disminuyó durante mis ocho años de enseñanza básica mi capacidad  para  correr, y correr, y  correr, y correr y, correr; y aquí, podemos imaginar unos puntos suspensivo que simbolizan claramente los cientos de kilómetros que recorrí en una cancha de cemento en mi antiguo colegio, sin lograr en toda la enseñanza básica pegarle una sola vez con propiedad a ese dichoso balón (querido lector o lectora no se ría, este episodio si bien le parece simpático, es el trauma enumerado como el 537 en mi hasta ese tiempo corta vida. Sin embargo y para serle honesto, si con esto logré que sonrieras, mi trauma vale, bien vale revivirlo de esta forma). 
         
     Pero bueno, no nos desviemos de mi tema principal, la música  y la pregunta en esta parte de la historia probablemente sería, "bueno y que rayos tiene que ver el balón con la guitarrita esa  ???", bueno queridas y queridos, mucho que ver y explicaré las razones. 

     Al entender a mi corta edad el deporte no era lo mio y que mi "popularidad" estaba en crisis, comencé en una búsqueda diaria para encontrar esa cualidad muy oculta con la que teóricamente fui "bendecido", y por la cual podría, entre otras cosas, olvidarme de la importancia del deporte. A mis 10 años fui empresario en la crianza de conejos angora, de conejos para comer (lo cual no emprendió por mi bendito carácter piadoso que me impedía comérmelos), Karateca frustrado, cortador de pasto, vendedor de manzanas verdes, psicólogo infantil, vendedor de casetes piratas, pintor   de brocha gorda, ilustrador, (bueno mas adelante en mi vida hice mucho muralismo del cual me siento bastante orgulloso y con lo cual también me pasaron bastantes cosas), Intelectual, en fin... todo lo que estuviera a mi alcance servía para experimentar. Un día por esas cosas de la vida tomé un guitarra y la vida me cambió gratamente. Por fin había encontrado algo que llenaba mi espíritu y mi soledad de manera nueva y emocionante. Es cierto, desde ese primer día hasta bastantes años después, estudié guitarra con una excelente profesora (mi tía), y ensimismado producto de la fascinación que provocó esto en mi vida le dedique varias horas del día durante bastante tiempo a la práctica y perfeccionamiento del instrumento. Por fin había encontrado algo para lo que era muy bueno y sobresaliente del promedio (para mi corta edad obvio), lo que significaba que mi status de "loser" en mi circulo social (no se imaginen demasiado, en ese momento, mi horizonte social llegaba solo hasta las puertas del colegio y nada mas) debía aumentar obligatoriamente en los años próximos  según mis criterios bastante bien evaluados en aquella época. Pero claro, uno nunca debiera anticiparse demasiado a los resultado por mucha estadística que se revise, y por lo tanto, sucedió inevitablemente lo que no tenia presupuestado, y ya que me imagino que a estas alturas ya tiene claro para donde va esto, debo decirle a Ud. (si, me refiero a Ud., la persona que lee atentamente estas lineas y que lo mas probable lo haga desde su escritorio solitario con su impecable traje negro, café o gris, y que con el afán de entretener su aburrida mañana, toma estas lecturas livianas sin mayor importancia como un escape a esas cuatro paredes que le atormentan), que si bien durante mis primeros años de estudio de música avancé mucho, nunca imaginé que a los niños de 12 años les importaba un verdadero pepino que alguien de esas edad fuera un especie de virtuoso (realmente me creía el cuento) de una guitarra, que al parecer todo el mundo veía como un palo largo, hueco y con cuerdas, donde "el chilote marino", el "corazón de escarcha" y "mi Viejo"  eran los hit mas populares en "fiestocas familiares". Si, esta es mi frustración etiquetada como la 663, sin embargo esto, esta historia si tiene un final feliz.
         Hace poco tiempo un buen amigo me dijo que el problema de niños como yo, no es el niño mismo, sino que lamentablemente en  esa época tuve la mala suerte de no conocer a la gente correcta que fuera capaz de valorarme y que me hiciera sentir cómodo  y aceptado como soy. Cosa que hoy en día, tengo la suerte de poder manejar a mi antojo y donde en mi circulo mas íntimo solo existen personas que me hacen sentir de esa forma.
          Y basándome en esta frase de mi querido amigo Campano, les debo decir que los años posteriores a mi época de enseñanza básica fueron muy distintos y que decir de mi adolescencia. La guitarra no solo fue mi compañera por excelencia, sino también la tan anhelada llave que me abrió las puertas del éxito social y la sensación de aceptación por parte del resto.
         Como siempre digo, (y si algún lector ya me conoce un poco) las épocas de mi vida están marcadas por la música, y estos episodios no son la excepción, Silvio Rodriguez fue y sigue siendo un referente musical en mi vida, y que cuya música llenó espacios que fueron vacíos por mucho tiempo.  

Acá les dejo un regalo, y para quién considere que este tema le llega un poquito a la fibra mas personal, y sepa que en lo personal, estos sentimientos son maravillosos cuando se logran expresar aunque sea con la música o la poesía de otro.  

LINK  ---> Por quién merece Amor   (escúchelo, vale la pena)

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