viernes, 27 de diciembre de 2013

Las tumbas de la Gloria

Trascender... es sin duda una palabra que me quita el sueño. La primera vez que la escuché realmente en su concepto general fue en boca de un amigo escritor. Luis Marín, tenia sin duda a nuestros cortos años (básicamente adolescentes en decadencia, o mas bien, adultos recién iniciados) una idea mas clara respecto de su significado y de su importancia, el mismo, me dijo en alguna de nuestras extrañas conversaciones, por lo general bajo la influencia de algún tipo de droga o alcohol , y con una gran convicción; y adornada con una expresión de seguridad hacia la vida y el futuro, la frase "yo voy a trascender" para luego seguir enredados en temas que por esos años no parecían tan cercanos e importantes como hoy. Créanlo o no , y esto tal vez es para la gente que me conoce un poco mas, fue Luis, quien dentro de su sensata locura me introdujo a la literatura de un nivel mas alto para lo que yo estaba acostumbrado en aquellos días. Este hecho, produjo uno de los grandes cambios en mi vida y en donde la rareza de mi ser pasaba de la resolución de algoritmos casi todos los días (y noches también, ya que no era raro despertar a cualquier hora de la noche con "la solución" del problema de mañana) a un submundo donde los sentimientos de otros eran perfectamente expresados en palabras como una especie de carta de presentación que me intrigaban. Para ese entonces, tenia 20 años  y vivía con otros estudiantes, en su mayoría estudiantes de Antropología y una estudiante de Acuicultura, la Paula, la recuerdo bien por que siempre me llamó la atención su pasividad y agradable ternura, y ademas por que tenía de novio a un idiota, y que finalmente el tiempo me dio la razón, si, era un perfecto idiota. En fin, vivíamos cerca del centro de Temuco, exactamente en la calle Carrera numero 68 segundo piso, como olvidarle, los carretes mas largos de mi vida sucedieron allí, mi habitación era la mejor de la casa, básicamente por que tenia un lindo balcón, donde solía contemplar las estrellas, la noche, el viento o cualquier tipo de manifestación natural que pudiera existir. Recuerdo que desde este balcón vi por primera vez nevar en mi ciudad (que por si alguien no lo sabia hasta hoy es Temuco), una experiencia única en realidad, y que fue vivida desde el balcón de mi habitación. Esta casa quedaba cerca del Cementerio General, a escasas 1 cuadra de el, y por esos días mi apego a la soledad encontraba en estos terreno el lugar ideal para sentirse solo de verdad y poder leer con la mayor tranquilidad posible. Eran tardes enteras de lectura plena dentro de este lugar, sin apuro, con muchas pausas dedicadas a la contemplación del paisaje, y en otras ocasiones para imaginar el dolor, la tristeza y el sentir de quienes circulaban por esas callejuelas. La idea era disfrutar del entorno, cualquiera fuera su estado, respirar profundamente y continuar. Muchas de estas tardes las pase sentado sobre la lápida de mi madre, con la finalidad tal vez, de  sentirme de alguna forma un poco mas apegado a mi carencia real que fue y ha sido la falta de una madre, presente y protectora de los males del mundo, la cuna o el vientre donde los niños asustados pueden correr a refugiarse para llorar de forma desconsolada sabiendo que no hay reproches y volver a sentir de alguna forma esa seguridad fetal que me imagino todos llevamos intrínsecamente en nuestro interior solo por el hecho de haber nacido. 
      Por este cementerio quedan de recuerdo aún muchas lagrimas que dejé en esas largas tardes donde al parecer no había pasado ni futuro del cual preocuparse aún, solo el momento, el ahora, estaban ahí conmigo, debo admitir que era una soledad sana una soledad con sentido una soledad que creo hasta el día de hoy extraño dentro de lo mas profundo. Aquí leí a Herman Hesse y sus clásicos "Siddhartha", "Demian", "Bajo la Rueda", "Narciso y Goldmundo" y por supuesto "El Lobo estepario", este libro premonitorio de mi vida según mi propia apreciación en donde Harry Heller representa tal vez la forma de poder prevalecer en el tiempo, o dicho de otro modo trascender. Trascender bajo los parámetros premonitorios de un visionario que logró de alguna medida entender mi ser mas básico sin conocerme, un ser solitario, no por necesidad sino mas bien por convicción, ese soy yo, una persona compleja que prefiere estar sola para no complicar al resto, una persona que solo se involucra emocionalmente cuando los sentimientos sobrepasan el limite de lo tolerable y que por ende los hace suyos para siempre, y que sufre por esta razón con el olvido y la indiferencia de aquellos a los que algún día le entrega un poco de su yo mas intimo...
      







No hay comentarios: