miércoles, 18 de enero de 2012

En algún lugar sobre el arcoiris

Nunca me he cuestionado el porque en mis recuerdos, la cantidad de cosas tristes (a mi parecer) superar en un porcentaje muy amplio a los momentos de felicidad...
La primera vez que viajé a la ciudad de Santiago, era un viaje muy esperado... por alguna razón creía que la capital de mi país me podría presentar un mundo completamente diferente, mas avanzado y cosmopolita de lo que era en su tiempo mi ciudad Temuco. El viaje, fue con la persona que mas cariño y amor me demostró en la vida, y que fue lo mas parecido a una madre que nunca pude llegar a tener, esa fue mi abuela paterna ( lo que es bastante irónico por que a pesar de lo entregada y responsable de mi abuela, mi padre fue su hijo mas descuidado y despreocupado de todos y con un precario o casi nulo sentido de responsabilidad paterna). La verdad es que Santiago era todo lo que un niño provinciano criado a la manera antigua y con un alto sentido de búsqueda puede esperar. Edificios, trenes subterraneos, gente vestida de forma casual como si no fuera a ninguna parte especial, muchas micros y en general, una gran cantidad de gente dirigiéndose a muchos lugares distintos, y topándose todos con todos pero sin interactuar. Recuerdo que los choferes de micro, eran lo mas parecido a un delincuente común que mi imaginación podía concebir, y que esa manía de dar las gracias por todo al parecer a todo el mundo le llamaba la atención o le parecía raro y sentía que claramente me delataba como un niño de provincia.
El paseo ahumada, sin duda alguna, fue una de las cosas que me impresionó mucho, por la cantidad de gente que circulaba durante casi todo el día, y también por la cantidad de vendedores de chucherias por la noche, era como si la gente no durmiera y siempre tuviera algo que hacer.
Conocí por primera vez al gran amigo de la infancia de mi padre, el Tio Omar Barria y su familia, un gran tipo, excelente persona y para mi corta edad y su gran tamaño un tipo enorme. Conocí también en esa visita, a toda su familia, la tía Peri su esposa, Ricardo su hijo mayor, y a Verónica su hija menor, niña que me deslumbró por su simpatía y que en ese momento me pareció la mujer mas hermosa del mundo, no se si fue, por ese desplante característico de los santiaguinos o definitivamente por que realmente lo era, algunos años después comprobé sí era la mujer mas bella que habia conocido. Esta familia, también formó parte de mi vida mas adelante, y dentro de mi saco de recuerdos tengo un lugar especial con ellos. En la actualidad, y cada vez que puedo, los paso a ver o los llamo telefónicamente para saber como están, y el tío me sigue recibiendo a mi parecer con el mismo cariño que me recibió cuando yo era niño cosa que siempre le voy a agradecer.

Recuerdo que durante nuestra estadía en la capital, nos quedamos en la casa de un hijastro de mi abuela, osea un tío mio. Su nombre es Alfredo un a mezcla rara entre irreverencia y formalidad que me sorprendía. Amante del Tango y de la soledad, siempre a sido alguien muy especial y si bien su personalidad es digna de dedicarle un párrafo, en esta ocasión me voy a enfocar solo a los recuerdos del viaje.

Ese viaje fue la primera vez que estuve en un departamento, mi tío Alfredo, vivía en la villa México de la comuna de Maipu, y por lo general me parecía bastante alejado del centro que era donde yo generalmente quería ir. Era en un cuarto piso, al frente de un terreno inmenso que era un peladero que me impresionaba por su color café y sin arboles. De hecho me daba la impresión de que para donde mirara (que no fuera el centro de Santiago) era todo café y por supuesto como buen sureño no me gustaba, prefería el verde como siempre.
Cerca de los departamentos vi por primera ves lineas de alta tensión eléctrica que emitían un ruido que me asustaba y casi me daba pesadillas, definitivamente lo consideraba de película de terror y siempre tengo ese ruido grabado en mi mente.

Pero pasando al tema principal de mi viaje y que fue el momento que me hizo guardar toda esta historia con una canción y específicamente en este viaje también con una imagen, fue un día Sábado en el cual mi tío nos llevó a mi abuelita y a mi, donde un amigo de ellos.
Era una clásica casa Santiaguina (según mi percepción de aquellos días), de un piso, y a mi juicio, bien decorada y ordenada. El patio de la casa era pequeño y tenían un hermosa Jaula de con pajaritos que disfruté contemplando durante mucho rato. Los dueños de casa eran personas adultas, y también amantes del Tango y en general, me parecieron muy agradables. Como a mis 10 años lo menos que quería, era estar en una conversación seria con adultos ya mayores, la señora de la casa se percató de mi ansiedad por hacer otra cosa, y de forma muy maternal me llevó a una sala de estar donde prendió un televisor y puso una película en VHS. Ese momento fue uno de los mas maravillosos de mi vida de crecimiento emocional, no por el momento de la película, sino mas bien por la película en si. La actriz principal era una niña hermosa que cantaba una canción tan maravillosa como lo fue el resto de la película. "Somehere over the rainbow" fue una palabra que me quedó grabada para siempre en música como si fuera un tatuaje en mi mente y la película la he denominado siempre como la mejor película de mi vida por todo lo que significó para mi. Dorothy, el Espantapájaros, el Hombre de lata, el León miedoso, y sus respectivas canciones en la película, forman parte de mi álbum de fotografías mentales como una especie estampados de vida.
Una vez que fui papá, esta fue la primera película que vi con mis hijas como evento de día Domingo Familiar y fue el primer disco que le regalé a mi hija Camila. Cada vez que puedo me doy un baño de nostalgia positiva y la veo, preferentemente acompañado de mis hijas y constantemente escucho la música como terapia de vida.

Siempre digo que las imágenes de mi memoria, son una especie de saco de lágrimas que acompaña mi vida, este relato, viene a reivindicar un poco mi memoria instaurada como un saco de recuerdos tristes, este viaje en especial no es un recuerdo triste, es uno de los recuerdos mas enriquecedores de mi niñez.

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